El ser humano es, por naturaleza, un ser cultural. La cultura constituye el conjunto de valores, conocimientos, normas y prácticas que permiten a las personas reconocerse como miembros de una comunidad. Precisamente por ello surge una pregunta fundamental: ¿qué significa integrar? ¿Asimilar, homogeneizar o, más bien, generar nuevas formas de convivencia a partir del encuentro?

Desde hace décadas, este interrogante ha dado lugar al debate entre multiculturalidad e interculturalidad. Mientras la primera propone la convivencia respetuosa entre culturas diversas, la segunda pone el acento en el diálogo y el aprendizaje mutuo, promoviendo un intercambio creativo que transforma a las personas sin que estas pierdan su propia identidad.

En Veritatis Gaudium, el papa Francisco da un paso más al proponer la perspectiva transcultural. No se trata únicamente de coexistir o dialogar, sino de descubrir la armonía que nace del encuentro entre las diferencias y que hace posible una realidad nueva, fruto de la riqueza de todas las culturas

Un ejemplo concreto de este proceso puede encontrarse en Santiago de Chile, en la misión de los Misioneros de San Carlos–Scalabrinianos.

La Parroquia Latinoamericana de Santiago, nacida en los espacios pastorales de la Congregación Scalabriniana, tuvo desde sus inicios el objetivo de acoger a las personas migrantes provenientes de los distintos países del continente. Para alcanzar este propósito y favorecer un verdadero proceso de integración, ha sido fundamental ofrecer estos espacios también para la expresión de su fe y de su cultura.

En este sentido, la Parroquia Nuestra Señora de Pompeya pasó a ser reconocida como el lugar donde las comunidades migrantes podían preservar y expresar sus ritos, tradiciones y devociones más auténticos, siempre acompañadas por el apoyo de los misioneros scalabrinianos.

Entre las numerosas iniciativas desarrolladas a lo largo de estos años, merece destacarse la experiencia de la comunidad boliviana.

Una dimensión esencial de la práctica devocional de las comunidades migrantes es la expresión de su identidad colectiva. Al celebrar su fiesta patronal, los rasgos característicos de cada colectividad, tanto los vinculados a su nacionalidad como a su origen regional, encuentran una oportunidad privilegiada para hacerse visibles y ser valorados en la sociedad de acogida.

Sin embargo, con la celebración en honor de la Virgen de Copacabana, patrona de Bolivia, la comunidad boliviana —y, junto con ella, la misión scalabriniana— está dando origen a algo nuevo en Chile.

No se trata únicamente de una fiesta destinada a mostrar los aspectos más profundos de la cultura andina, aunque ciertamente también lo sea. Se trata, sobre todo, de mostrar lo que sucede cuando las culturas se encuentran.

Nacida a comienzos de la década del 2000 como una celebración realizada en los espacios de la parroquia, esta fiesta se ha transformado hoy en una verdadera celebración para toda la ciudad de Santiago. Desde hace aproximadamente cuatro años, la comunidad boliviana es la única que obtiene la autorización para reservar, el primer sábado de agosto, la avenida Alameda —la principal arteria de Santiago— durante cerca de ocho horas. Basta imaginar el impacto que ello supone para el tránsito de la ciudad.

Y es precisamente durante esas horas cuando ocurre algo extraordinario. In totale sono occupate citrca 5000 persone nell’organizzazione e svolgimento, persoe che, recorren la ciudad bailando y tocando música con los trajes típicos de la cultura boliviana. Sin embargo, para sus participantes no se trata simplemente de un desfile, sino de una auténtica procesión religiosa y cultural. Es la manera más profunda de expresar su identidad.

Lo más interesante es que en estas fraternidades no participan únicamente bolivianos, sino también peruanos, chilenos y personas provenientes de otros países. De este modo, la fiesta de la Virgen de Copacabana se convierte en un verdadero espacio de encuentro entre pueblos y culturas que, al interactuar entre sí, dan origen a una realidad nueva.

Se trata de un impacto cultural muy significativo para el país: un encuentro transcultural que, a su vez, genera una nueva cultura, la cultura de la fraternidad y de la paz.

Y es precisamente a partir de esta novedad que la Congregación de los Misioneros de San Carlos–Scalabrinianos busca seguir construyendo puentes de fraternidad.

Marco Strona